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EL HOMBRE DE LA BARANDA (Libro de bolsillo)

Nº 50
Es femenina la vida
la pasión y la bonanza
lejos de ser una chanza
es mi posición sentida
fiestas, encuentros, salidas
noches, mujeres, orgías,
diezmaron todos mis días
quemaron mis ilusiones
gastaron mis esperanzas
¡Si mi corazón no oía!
MOSAICOS (Libro de bolsillo)

Nº 78
"Del joven sin ilusiones
¿Qué podremos esperar?
cuando del bien y del mal
se amontonan las visiones
ya no tendrán las razones
para ver con claridad.
Sólo la dificultad
sin luz ninguna interior
hará nido y su clamor
Lo verá sin libertad."
EMILIA (Novela, 2006)

(de la pág.31)
Y uniendo la acción a la palabra, hizo un gesto al oficial que estaba a su lado, quien a su vez miró hacia la penumbra y una de las figuras se acercó con un látigo de cuero grueso, en la mano. Le arrancó la camisa dispuesto a darle azotes, cuando quedó al descubierto una tela que Lucía se había puesto sobre los senos para apretarlos y disimular su existencia.Le cortaron la tela con unas tijeras y los senos quedaron libres. Obedeciendo a un instinto, se abrazó el pecho, pero ya el oficial que la había interrogado le sacó la gorra, y cayó sobre su espalda una cascada de cabellos rubios hasta casi la cintura.Primero fue la sorpresa, luego la sonrisa de los presentes quedó congelada como una mueca en esos rostros despojados de todo sentimiento compasivo y solidario.Lucía sintió miedo por primera vez desde que había caído en ese sótano macabro._ Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí?El rostro del oficial se ensombreció, lanzando haces de maldad tan materializados que Lucía podía sentirlos en su piel. Enseguida el otro militar que no había hablado aún, le dijo algo al oído del primero, quien con voz opaca, murmuró: _ ¡Claro! ¡Claro!. Todo a su tiempo._ Pónganla sobre la mesa. Doctor, averigüe si es virgen.Y empezó el calvario de Lucía, quien se resistía a los gritos, pero la fuerza bruta se impuso, la acostaron sobre esa especie de camilla que ella había visto al llegar, le abrieron las piernas y los dedos del supuesto médico la penetraron._ Sí, es virgen ¿Quién empieza? –dijo el oficial- Y mirando a su ayudante, el que le había hablado en el oído, le dijo:_ Está bien, empezá vos.Cuando terminemos, hablará todo lo que sabe. Es cuestión de paciencia. La violaron cinco. ¿Qué horrores no sintió Lucía? No podía estar pasándole esto a ella, debía ser un mal sueño, se decía. Pero era real. La desesperación la hizo gritar pidiendo socorro hasta que sintió una cinta engomada sobre sus labios. Las lágrimas le rodaban por los costados de sus mejillas. Movía la cabeza de lado a lado y sintió cómo una daga iba destrozando sus entrañas, en medio de vozarrones bestiales, palabrotas y risas infernales.