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A LA AMIGA QUE PARTIÓ

A UNA AMIGA QUE PARTIÓ
No es cierto. No has partido. Estás cuando expreso un nombre
Y el inconsciente me dicta el tuyo.
Cuando cuento una anécdota de nuestra juventud
Cuando inspiro una sonrisa por tus travesuras en la secundaria
Cuando inventábamos sentadas en la plaza los sketchs
Que un poco después debíamos representar en el colegio de Hermanas.
Estás en esos aportes valiosos que hacías con tus bromas y tu creatividad
Para hacer de un chiste obtenido de una revista o un diario,
La gracia del vestuario y los elementos útiles para hacer reír...
Estás en cualquier conversación que surja de esa época.
Cuando te hacías la remolona para levantarte y asistir a las clases del profesorado
Allá en la Residencia Universitaria de Núñez. ¿Te acordás?
Cuando corrías al teléfono para hacer ver a las demás que tu cita seguía en pie
Estás con el chico de tus amores. Unos pocos pero intensos y verdaderos.
Estás en los colegios donde compartíamos aprendizajes y experiencias
Estás en cada persona que me habla de vos, de la huella de fuego
Que has dejado en este mundo para que otros también la transiten.
Estás en cada ex alumno que te recordará siempre aunque no lo diga
Como el médico que entró a terapia para revisarte
-Un ex alumno-, me dijo muy emocionado.
Estás en el valor y la osadía que te caracterizó siempre.
También cuando ibas a enseñar a Avellaneda en aquella escuela de adultos
Donde un alumno se había enamorado de vos y te lo dijo
Con la flor que guardaste por mucho tiempo...
Estás en mis hijos quienes no podrán dejar de nombrarte
También en tantos momentos por tu nobleza
Por tu generosidad, por ser una persona agradecida,
Por olvidar rencores, por resguardar esta amistad
Única, indestructible, plena.
Estás cuando despierto, cuando sueño, cuando vivo
Dios me hizo merecedora de un tesoro: tu amistad
Estás y estarás por siempre en mis pensamientos
Y en mi corazón. Olga. Yo sé que pronto
Nos volveremos a encontrar, esta vez en un abrazo eterno
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Un grito desgarró tu garganta que no emitía sonidos
Fue tu último hálito de fuerza vital
Abrazaste el aire hacia el cielo y dijiste claramente
¡Ayúdenme! Como Jesús y
Como Jesús, dejaste caer tu alma mansamente
En los brazos del Señor.
BERTA ELVIRA RIVERO