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Berta Elvira Rivero

LAIKA

LAIKA

Naciste muy pequeñita, entre tantos cachorros

tu único trabajo era llegar a las mamas

pujabas por alcanzarlas 

Tus hermanos,   chiquitos como vos

subían sobre el lomo de  los otros

la mayoría resbalaba sin alcanzar su objetivo

La mamá siempre atenta los miraba preocupada

Luego de un buen rato de moverse inquietantes

succionaron  cada cual el líquido que los calmaba

para al fin dormirse lentamente sobre el lomo de los otros

Eras la más regordeta con pelos que prometían su largura

Azulada…

Ojos claros dejaban ver el fondo de tu alma sensible

En ella se leían promisorios futuros, gloria adelantada.

Y fuiste creciendo y jugando como hacemos todos los animales

racionales o irracionales. Jugar para crecer. Y fuiste adulta.

Provenías de la Rusia fría, y obedecías al nombre de Laika.

“Para conocer el comportamiento de un organismo vivo

 - dijeron los sabios del mundo -  mandaremos al espacio

a esta perra por ser tan especial y que seguramente

nos hará adelantar mucho en la ciencia de investigación

porque en los días que dure su existencia

nos dará información valiosa para el bien de la humanidad”.

¡Cómo se equivocan los sabios!

hasta en lo más simple, se suelen equivocar.

Ella era de un lugar donde reina el hielo y la nieve

t en su estrecho compartimiento

debió  soportar temperaturas de 40 grados.

¿No era previsible su muerte a las pocas horas?

¿Cómo pudieron seguir el funcionamiento de sus órganos

durante varios días si ya había muerto?

Fantástica necedad  y como tal, vana,

que envuelve como un humo el cerebro

a veces, de los seres humanos.

En qué aspecto social, moral, espiritual,

esas investigaciones beneficiaron a la humanidad?

La respuesta está en todos nosotros.

Y en el comienzo de un libro bíblico donde se lee:

Vanidad de vanidades, todo, ¡Es vanidad!

 

                                                         Berta Elvira Rivero

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